Mostrando entradas con la etiqueta Relatarium. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatarium. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de octubre de 2008

The End

Bueno, puedo decir que he terminado la obra a la que llevo 3 años dedicado. He dejado escrito todo lo que hasta ahora quise dejar escrito, y no me dejo nada en el tintero.

Vendrán otras historias, si ahora o más tarde, no lo se. Esto es todo lo que hasta ahora pude dar de mi, y no me queda más que dar infinitamente las gracias a todo aquel que haya leído cualquier retazo de esta locura.

Muchas gracias.

Si alguien quiere una copia en papel, que lo deje en un comentario de esta entrada. Si alguien quiere comentar la obra en su conjunto, ídem.

Para lo que sea, ídem.

Muchas gracias de nuevo.

Relatarium. Cap.18

Epílogo - Calma


Que todos los finales tienen un principio. Que la búsqueda de un Santo Grial no termina el último día.

Que hay muchas cerraduras para una sola llave. Que hay muchas llaves para una sola cerradura.

Que esta vez el ultimo aliento si querrá perpetuarse. Que no queda oscuridad que escudriñar cuando vives en ella. Que eres tu quien elije. Que eres tu quien manda.

Que eres tú.

martes, 30 de septiembre de 2008

Relatarium. Cap.17

Gloria


A través de las aguas de un mar enloquecido navegaba una botella en cuyo interior yacía inerte una nota de un amor desconsolado. Ese contenido, ahogado en lágrimas, travestido de llanto y enjugado en el olvido del ancho mar reproducía las palabras de una doncella abandonada a su propio exilio.

Un exilio que la mantenía al margen de su propia existencia.

Contaba la historia que la separó de su alma, ahora fragmentada en pedazos separados por pequeñas líneas de viento. Ahora destruida entre palabras que nunca se vieron cumplidas.




Remontémonos pues al comienzo de esta historia, donde la soberbia y el orgullo estaban considerados pecado, donde las promesas sucumben ante la traición ajena y la hipocresía es el pan nuestro de cada día.

Esta es la historia de Gloria, una joven recluida en la peor de las prisiones. El peor de los castigos la esperaba sediento de nueva desesperanza de la que alimentarse.

- Oh aire que nuestros pulmones respiran, dedícame una vez mas ese aliento que ante los velos del destino hallará por fin su terminar. Muéstrame el camino que mis pies vieron destruido ante la pobre luz de este ocaso desalentador.

Palabras agitadas. Un sentimiento inexorable que siente y padece. Mas no parecía necesario que tras esas plegarias hubiera un oído que escuchara.

- Oh camino marcado que sin sentir asientes ante mi. Antójate de coraje e ilusión. Agarra mi mano con la firmeza que la certeza del saber que es por vez última te otorga. Guíame ante tu magnanimidad y escucha este pesar que ante ti postro. Por primera vez. Solo una vez más.


Hay veces en las que el amor mas desesperado goza de la misma credibilidad que un silencio intocable. Hay veces en las que solo tú escuchas.

Por eso la voz del olvido acude ante ella, suplicándole que se entregue a el sin pavor ni duda. El recuerdo ardía en sus venas como cal viva. Y no había forma escrita de librarse de el. No ella.


Su caballero andante, el dueño de sus latidos mas profundos nada parecía saber acerca de la desventura que su doncella corría. Y abandonado a su suerte no tuvo mas elección que desfigurar su cordura en pos de la libertad. Una libertad que ella no conocía, entregada a manos de la congoja.

Tal fue su miseria que, tras haber dado el último golpe a su reloj de arena, decidió ofrecer su suerte a cambio de un beso. Viéndose una vez mas golpeado por las intrincadas redes del azar.

- Entrego mi cuerpo y mi virtud a la nada, al miserable crepúsculo de la desazón. Apenas quedan plegarias que cursar. Oh príncipe de las tinieblas, acógeme en tu seno como exiliada del sagrado derecho a la vida. Mis ofrecimientos están vacíos a ojos de mis ansias.


La suerte trabajó sin dilación, y el sacrificio del que el corazón del caballero fue testigo se hizo carne ante la mirada del cielo, otorgando tal vez demasiado tarde la primera oportunidad que suplicó antes de ni siquiera fantasear con una segunda.

Un océano cuyo horizonte no alcanzaba su vista a otear se abrió ante el. Ante ella.

- Este es el último aliento que todavía nadie me pudo arrebatar. Escribo estas líneas en papel con la certeza de que nunca verán su fin en las manos por las que yo suspiro. Oh, océano libre y cristalino, haz que la libertad que me fue robada navegue por tus olas sin ver un ápice de tormenta.


La línea del azar se había quebrado, y las palabras que la preciosa doncella había entregado al mar fueron vislumbradas por unos ojos que no cesaban de derramar lágrimas transparentes por leerlas.

Cayó la noche, y con ella la congoja. Corrió hasta encontrar la celda oculta en el corazón de Gloria, y utilizando la llave que solo existía para sus manos abrió el candado que nadie podía romper.

La brisa corrió por entre su pelo y acarició sus dedos ahora anudados. La sinrazón se evaporó junto con la traición y dos corazones encontraron de nuevo un motivo para no cesar en su empeño.

Sus labios se rozaron y la promesa antaño destrozada vio su fin, hecha realidad de una vez por todas.


El océano era calma. Sus miradas fuego. Su amor incalculable. Su deseo infinito.


martes, 10 de junio de 2008

Relatarium. Cap.16

El Camino


Un disparo en la pared confundía la realidad con la ficción, a través de pinturas milenarias esculpidas al óleo en pedazos de lienzo tatuados de pasión ancestral.

Yo caminaba a través de mi memoria, recorriendo los senderos que exhalaban aire contaminado de pasión. Quise saber la verdad sobre la desesperación, pero no encontraba más a mi paso que una incesante presión que el aire ejercía sobre mis pulmones, llenos de humo y frío.

Los momentos de lluvia se me antojaban rocambolescas muestras de dolor ajeno, cargados de detalles barrocos lejanos a mi cognición, acompasada e hiperventilada de enfermedad tétrica y longeva.

La descripción lírica de la incertidumbre me regalaba momentos de preciosa angustia, indescriptible dolor que me convertía en un mosaico al servicio del llanto mas desesperado. Una vez mas, era feliz dentro de mi mas primitivo desengaño.

Intuía amor en las paredes, y no estaba preparado para hacerlo propio. Descubría un punto y aparte en la tierra, y nada era tan sereno como entonces lo era mi mirada desolada.

Cansado de aguantar un espanto endógeno, me decidí a echar el ancla a estribor y navegar en las aguas del océano azul, tan profundo e inexplorado.

Convertí astillas en criptas, rayos en truenos, miradas en espejos. Podía al fin ver mi semblante a través de las horas. Y no recuerdo ningún instante más feliz dentro de la existencia que me ataba al cuerpo, cada día más inerte, con que me deslizaba a través de las novelas románticas de aquella época.

Era un glaciar en el infierno. Trabajaba para la soledad.

No fui capaz de escribir un desenlace en el libro de mi vida. La elección era el motivo por el cual no había elección. El motivo era el desenlace que no quería escribir. El libro sangraba letras incomprendidas hasta para mí y no deseaba ser abierto.

Una vez más, dejé inconcluso al viento y mi cara llena de cicatrices.

Es posible que la historia de la ficción entrara en directo enfrentamiento con mi humilde cuento. Mas no se podía cambiar.

La música estaba dispuesta sin elecciones, el amor atado con nudo doble a mis muñecas y la soga de la caridad encerrada en mis sueños.

La quería, y no había nada que pudiera hacer. La amaba, y no había alternativa. Quise morir por ella, pero ni siquiera ese trance me pertenecía.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Relatarium. Cap.15

Luz


¿Qué pasa cuando apagas la luz? Voy caminando por el oscuro sendero de la vida, escudriñando entre las sombras de mis pasos todo cuanto pueda apreciar.

Despacio, poco a poco, voy abriendo las manos. Quiero agarrar esa figura sin fondo, ese fondo sin figura que tengo delante de mí. No tiene nombre, no tiene razón. No tiene motivo.

Entre la luz y la oscuridad solo hay un momento.

Si el sol brilla, quizás me quede ciego. Veré lo que no quiero ver, todo será claro y tan real como desasosegante.

Si la luna esta en su trono, tal vez no vea nada. Me sentaré a esperar a que las sensaciones recorran mi espina dorsal.

Con los ojos vendados soy capaz de ver más allá. Puedo tenerlo todo. Puedo sentir los colores, intuir las estrellas a través de miles de ojos.

No queda mas camino por andar, no solo. No más lágrimas amargas, no más emociones destrozadas. Hay cientos de constelaciones ahí arriba, ahora las veo.

Ahora veo lo que no podía ni siquiera imaginar. Una vida por delante, una señal inequívoca, varias notas musicales, un ardor por dentro.

Noto como se agolpan en mi corazón. Puedo sentirlo. Pasan las horas, y mis sueños no se desvanecen. Abro los ojos, y todo sigue como cuando los tenía cerrados, perfectamente onírico, imposible, bello.

No. Ya no me hace falta la luz, tengo cosas que brillan más. Seguiré bailando ante la oscuridad, entre miles de formas enamoradas del viento, junto a mis estrellas, dentro de mis sueños, a través de un mundo que esta vez si gira.

Bajo la persiana de la ambición, me recuesto sobre un lecho de paz, y cierro los ojos.

Pocas palabras bastan.

Tengo la luz apagada, y no la quiero encender. No mientras no necesite el sol.

Creo que nunca lo voy a necesitar.

domingo, 3 de febrero de 2008

Relatarium. Cap.14

Su Mirada


La miraste a los ojos, y te propusiste nunca perderla.

Sonaba aquella canción que os había dicho tantas cosas, entre tus labios y los suyos no había sitio ni para el aire. Entre tú y ella solo cabía decir cosas que no encuentran sitio entre las letras.

Era demasiado para poder mirarlo en un mismo plano.

Tantas cosas querías decir que no decías ninguna. Tanto querías sonreír que no hacías más que llorar.

Era un regalo que querías abrir cada día un poco. Un poema que nunca se acababa. Un amanecer eterno.

Un océano infinito.

Le guiñaste un ojo al sol. Su calor era nimio al lado de ella. Le sonreíste a la luna. Mas a su lado era amarga.

Viviste tantas cosas junto a ella, que ninguna antología podría recogerlas. Tantos versos, tantos párrafos llevaban su nombre que temías que fuera imposible que los leyera.

Tanto la querías, que no te atrevías a decírselo. No conocías la manera.

Buscaste entre tu ropa un anillo de viento, y se lo pusiste en su anular. Le dijiste tantas cosas que no se aproximaban a la realidad, que sentiste no estarle haciendo honor.

La cogiste de la mano, y con ella, fuiste al fin del mundo.

Te dormías en sus rincones. Bajabas un pulso tembloroso desde su pelo hasta sus pies, deteniéndote en cada momento de su piel. En su cuello, sus pechos, su cintura… En cada centímetro de sus blancas y perfectas curvas. Y no creías ser capaz de soportarlo más.

No creías que este sueño fuera para ti. No había hielo, no había nada.

Solo ella, contigo. Solo tú, con ella.

Por eso, en aquella noche en la que nada más que su mirada tenía sentido, aquella noche en que te habías dicho tantas cosas…



La miraste a los ojos, y decidiste nunca perderla.

jueves, 31 de enero de 2008

Relatarium. Cap.13

Epitafio


Un vaso de whiskey con los restos del hielo agoniza en la mesa, dejando que el poco calor del ambiente derrita lo que queda de el.

La vida se consume como un cigarro mal liado, desprendiendo nicotina, alquitrán. Te encargas personalmente de cavar tu propio pozo. Un pozo donde te quepan las piernas y se pueda fumar.

Quizás la droga del cerebro me esta desterrando. Otra adicción más, no importa. Al fin y al cabo, las ventanas están cerradas. La cerradura rota. Los huesos calcinados.

Que bonito epitafio. Muerto entre latidos.

Cuando no queda aire en el humo, ni sangre en el alcohol. Cuando la vida se ríe de ti y te escupe sangre en los labios. Quizás ese sea el momento de retirarse, libre de pecados, lleno de decepciones.

Frustrado por lo que pudo ser, y ya nunca será. Dormido entre espinas, sin dolor.

Tal vez sea el camino equivocado, el incorrecto, el fallo permitido. Como sin querer me miro la manga de la chaqueta, y confirmo que no tengo ases guardados.


No me queda alternativa…

…Coge la pluma…

…Cógela…

…Hazlo…


Hago un trazo confuso, sin línea, rasgando la madera, hiriendo mis dedos, dejando que se forme una piscina de sangre en el suelo.


Querido diario:

Hay veces que estoy cansado, otras simplemente no quiero vivir. Tengo líneas en la piel, estrías en los ojos, manchas en las mejillas.

Unas sombras moradas en los parpados, las pupilas mutiladas, un par de anillos rotos y el corazón destrozado.

Se que no hay cura para mi.


No. Rompo esa hoja, no quiero leer más. Apago la luz.

Soy consciente de que el final aun no esta escrito. Pero todos los relatos tienen una manera de terminar.

No se me ocurre el desenlace.

miércoles, 23 de enero de 2008

Relatarium. Cap.12

Espejo


Mírate en ese espejo. No dejes que se rompa. No grites, nadie te escucha.

Tu mirada es de hielo, un oasis en medio de la nada, ves como esa profundidad no te lleva a ningún sitio. De nuevo, solo al comienzo. Otra vez mas.

Tus pupilas son dos puntos negros, una figura en un fondo del mismo color. Monocromo. No más dolor, no mas seguir vivo para no vivir.

Deja de caminar, no vas a ningún sitio. Deja de llorar, te puedes ahogar. No importa lo que hagas, lo que no hagas. No vas a salir de esa espiral de cuchillas. De este infierno con nombre de planeta.

Ves la luz. No ves la luz. Callas, pero hablas. En una ausencia, respiras, mientras el color del aire se hace sitio en tus violentos pulmones, cansados de ser el hogar de tanto humo.

No dejas de preguntarte cosas cuya respuesta poco importa. Nadie te da esperanzas, no las hay. No escuchas a nadie, porque nadie habla. Estas a cada paso que das más cerca del vacío, donde no hay astros ni pálpitos. Donde no reinan los ojos, donde no hay donde sentarse.

Pero, pero no hay pero.

Sufres, nadie dijo que fuera a ser fácil. Aprietas el botón, conoces la respuesta, aun así lo aprietas. Una bofetada de ficción de despierta a la vez que la realidad te desea lo mejor.

Sigues llorando, a nadie le importan tus lágrimas, porque no existen en el mundo que te rodea. Sigues con el dedo los vectores de tu hielo, las líneas de esos puntos negros. Van a donde nadie los puede rescatar, a un lugar donde no llega tu pulso.

Sientes la rabia, por vez primera algo que te hace respirar dos veces donde hubiera bastado con una. Sientes como te empieza a quemar algo a lo largo de tus venas. Notas el sabor de la ira en la boca, el amargo olor de la vida.

Rompes, el espejo, el hielo y el negro. Rompes los lugares, la luz, la voz y los astros. Haces pedazos las lagrimas, la ficción, el pulso y, con el, tu corazón.

No habrá más ausencias, no mas preguntas.

lunes, 14 de enero de 2008

Relatarium. Cap.11

Vacío


Genial, se acabaron las razones para respirar… Estoy congelado, no puedo gritar, no puedo sentir.

Llega una sonrisa a la altura de mi tristeza, y el dolor no es más que una estrella fugaz ante ella.

Estoy solo, no tengo más estertores que regalar, ni más distancia que alimentar. No tengo cartas, ni movimiento. Tampoco vida, tampoco muerte.

Salgo a la calle, tan oscura. Hay aceras oxidadas, gente vacía, momentos pasados. Hogueras mentales, cálculos aritméticos, un olor gélido, sangre por las paredes.

No encuentro mi sombra, tampoco nadie que me hable. No hay pájaros en los árboles, no hay árboles. Camino a través de una cascada de deshechos sin color para mis daltónicos ojos. Observo como mis pies toman un rumbo que nadie les dijo que tomaran, hacia un lugar que nadie conoce. Veo como mis manos acarician el contorno del humo, goteando sangre de entre toda mi pasión muerta.

Llego a un bosque húmedo, la lluvia dejo vestigios de horizontes. Voy hundiendo mis pies ahora descalzos en el barro, voy dejando que la vida, la muerte, escape de este camino de clavos.

Vaya… No tengo monedas en los bolsillos… No tengo caricias que regalar. A quien le importa, quizás no haya razones para no otorgar tinieblas.

El color negro ahuyenta miradas sin ojos, mis pupilas se dilatan, encuentro un sable de viento flotando entre la humedad de la atmósfera.

Me pregunto por un momento si un sable que no es sable podría quitar la vida que no es vida.

Me pregunto por un momento si un viento que no es viento podría quitar la muerte que no es muerte.

Me lo pregunto otra vez.

Recuerdo que ya no hay respuestas. Tampoco hay cerebro, no hay mente. No hay alma, ni emociones.

Deseo recordar quien era, pero algo me lo impide. Cojo el sable y lo hundo en mi pecho a la vez que se desvanece entre mis dedos. Me amputo otro trozo de corazón para dárselo de comer a las hienas de la noche. A la madera de los árboles. A la vida. A la muerte.

Acabo por olvidar quien soy. No se donde estoy, me pregunto mientras me muevo con extrema lentitud que representa ese trozo de corazón que hay en el suelo, debajo del barro.

Me pregunto porque lo puedo ver.

Decido, sin saber que es decidir, morir. Veo como no ocurre nada, y respiro algo que huele dulce. Despego los pies del suelo, como siempre hice, y me preparo para no volverlo a hacer.

Creo que ya no hace falta que lo intente… Creo que ya no se… nada…

martes, 7 de agosto de 2007

Relatarium. Cap.10

La Paradoja


- ¡Zac! ¿Por qué estas fuera de control?

- No deja de ser extraño Peter… ¿No notas la presión sobre tu pecho?

- Quizás… Demasiado relativo y subjetivo… Aun así… No deberías estar así, no lo merece.

- Eso tú no lo sabes, no tienes ni la menor idea de lo que merece o no merece. Y en ese caso, yo lo tengo que decidir.

- Sabes que no es así Zac, eres plenamente consciente de que tu imaginación te esta ensangrentando el alma.

- Aun así. No tiene nada que ver contigo, no se ni siquiera para que te mencione la presión.

- La presión es otra parábola de tus sentidos, otra jeringa cargada de confusión que no te deja despertar.

- Imaginé despertar.

- ¿Y?

- Despertar no es lo que busco, y eso tú también lo sabes.

- Lo se. Lo que tú buscas es estar fuera de control.

- Si, aunque admitirlo me duele.

- No temas, admitirlo en voz alta da mas libertad.

- ¿Libertad para que? ¿Para ser más vulnerable?

- Para ser más consciente de quien eres.

- Eso no lo dudo, pero lo que yo busco es estar fuera de control, no ser consciente de quien soy.

- Tu paradoja te pesa demasiado.

- Sin embargo, cada vez que pienso en ella soy feliz.

- ¿En la paradoja?

- No, en ella.

- Ya veo… ¿Te desvirtúa?

- Ya lo creo, y además, también soy consciente de ello.

- Eso te convierte en alguien libre.

- Y a la vez en un traidor.

-

- Ella es mi droga, mi droga es la libertad, y la libertad me hace vulnerable.

- ¿Y la paradoja?

- La paradoja lo es todo

- No lo admitas, solo piénsalo.

- ¿Por qué?

- Porque la paradoja no ha de ser libre.

- Yo tampoco…

- Zac… No te supliques estar condenado.

- Ese es mi destino.

- Tu destino es imaginar que despiertas, sin despertar. Descubrir que la paradoja existe, pero no dejar que te absorba. Sentirte libre, pero siempre estar fuera de control.

- Solo ella me deja estar fuera de control Peter…

- Pues ella es tu salida.

- Tienes razón.

- No la dejes escapar.

miércoles, 6 de junio de 2007

Relatarium. Cap.09

Los Imperdonados



Imagínate odiar a alguien de esta manera, no parece posible almacenar tanto rencor y no sucumbir ante la debilidad humana.

Maldita sea aquella luna llena que nos iluminaba…


¡No! ¡No tiene sentido! Todo es sangre… No hay colores, no hay vida… Todo se muestra púrpura, los bastoncillos están derramados en el suelo, y nadie me responde… Las sirenas me taladran los oídos, y el murmullo incesante de la multitud me deja inerte.

El reloj empezó a ir hacia atrás, mi memoria no quería darse por vencida, y no me revelaba los detalles del suceso. Aquel sonido de motocicleta… ¡No! ¡Otra vez no! Ese malestar que me sube por la cadera… Necesito volver a nacer de nuevo, necesito descubrir el porque de lo que hago, y sobre todo, porque lo hago.

Incremento mi velocidad y me convierto en un monstruo del movimiento.

Ahora todo esta mejor… Ya no percibo ese color púrpura, ahora simplemente es rojo, como debe de ser la sangre…

Otro fogonazo de realidad me aturde de nuevo, otra vez ese odio descontrolado me sube por las arterias hasta llegar al corazón. Y aquella luna maldita sigue ahí arriba, escapando de las desilusiones pero viendo como me caigo.

Por el amor de Dios… Esto no tiene ningún sentido, esa gente no me encuentra, y no pude haberlo hecho de una manera más simple.

Un momento… ¿Qué es lo que hice de manera tan simple…? Por favor, no me hagas más esto, dime de donde sale toda esta maraña de recuerdos…

¡No! ¡No lo vuelvas a hacer! No puedes controlarlo todo como si fueras el amo de la casa… Yo estoy al mando, no es necesario tu mandato.

Bastante tiempo atrás yo era normal, una persona, un peatón más de la vida. Ahora esto se me esta escapando de las manos.

Y otra vez vuelve el odio y la luna.

Ahora lo empiezo a ver. Tú lo hiciste. Tú pusiste aquel cuchillo en mi mano y lo hundiste sobre su pecho.

Oh Dios Mío… ¡Creí que éramos amigos! Esto siempre fue un trabajo compartido, en ningún momento te di la espalda, siempre estuve contigo.

¿Por qué no me lo consultaste antes de hacerlo? Maldita sea, ahora ya no hay marcha atrás… Necesito volver a sucumbir ante mi debilidad, adelante, alcánzame esa bolsa de emociones.

De nuevo, me sumerjo en un lugar desierto lleno de espejos.

Ahora estamos en paz, o al menos eso espero. Pero maldita sea… Debiste haber esperado, no merecía morir así. Por lo menos nunca sabrán que hemos sido nosotros, nunca nos encerrarán.

La luna… Sigue ahí arriba… ¿La ves? Es tan bella… ¿Cómo pudiste querer acabar con todo? Sigue mirándola, todo se terminó, esta misma noche marcharas con todos tus recuerdos y pasiones. Y podremos seguir caminando sin compartir lo que nos separa.

Por fin me voy a casa, ya no hay nada que temer, mi conciencia esta limpia. La luna esta orgullosa de mi, y se que nunca me dejara caer. Fue el quien lo hizo, yo intente impedírselo, pero era imposible, el me manejaba, el controlaba mis impulsos.

Pero ya se ha ido, y nunca volverá.

sábado, 2 de junio de 2007

Relatarium. Cap.08

El Tiempo

En algún momento de 1999:

Mi calendario se cayó al suelo, convertido en lo que yo siempre evite ser: Un suspiro. El tiempo había roto mis anillos, y se había llevado consigo el amanecer que un día fue solo nuestro. Tan solo el brillo de una lapida me acompañaba en mi viaje por el océano.

Me agarre de su brazo y me fui cabizbaja con el luto en las venas.

4 de mayo de 1992:

Desgraciadamente las nubes habían convertido el cielo en un telón opaco. Tan solo quedaba lo que no podíamos ver, el aura mística que nos envolvía sin nosotros apreciarlo.

Nuestros ojos siempre tan bien vendados…

18 de septiembre de 1984:

La luna seguía siendo nuestra, daba igual que ocurriese al otro lado del mundo. Al menos no nos importaba. Seguíamos derritiendo nuestros cubos de hielo en el fuego del deseo, deseando perpetuar en los siglos aquella incandescencia que nos unía en el momento.

La vida se nos antojaba una cuenta atrás.

26 de marzo de 1978:

La fuerza del viento me arrastro por las hojas de la tormenta. Sin saber a donde mirar, me encontré en un altar, drogada de desengaño y herida de muerte.

Era el principio del fin, y él seguía sin saberlo.

Esperas ante las puertas del infierno nos aguardaban, momentos de incertidumbre sin sentido para nada más.

31 de enero de 1966:

Diario de a bordo. Comienza una nueva etapa, un solitario viaje ha terminado. Me aferre a sus brazos y llore sin saber porque. Se que encontré el eslabón perdido de mi corazón, pero algo me dice que nunca seré capaz de caminar por la verdad.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Relatarium. Cap.07

La Noche

Entonces percibí la noche en todo su esplendor, las estrellas brillaban sobre mis ideales, a la vez que mi mente se ausentaba de los momentos más lucidos que pudiera alcanzar en ese estado de embriaguez emocional.

Miraba hacia un lugar sin nombre, oculto en la trayectoria de los suspiros que Eolo derramaba sobre el. Era un lugar intenso, sin escrúpulos, donde la gente gritaba a través de la niebla y se hundía en palabras sin timbre.

La terrible cadencia de los disparos asolaba la tierra, y las gotas de lluvia brillaban en color rojo sobre la montaña de cuerpos sin vida.

Entre tanto, mi mirada, cada vez más átona, seguía caminando por los relámpagos de aquella tormenta eléctrica, buscando una razón por la cual seguir con vida tuviera el más mínimo sentido. Nada encajaba en mi puzzle, y las manos que temblaban al final de mis brazos no eran capaces de mantener la compostura.

Había océanos de sangre allí, miles de gotas de muerte salpicadas por las caras que yacían inertes sobre la ladera.

No tenia otra elección, solamente podía esperar a que algo sucediera, algo que diera tono a la canción o la apagara para siempre.

Los minutos pasaban, y nada ocurría. Solamente mis bolsillos se llenaban de las cenizas que mi cuerpo iba deshaciendo en el viento. Sin miedo a perderlo todo.

Inexplicablemente, la canción comenzó, y de entre la montaña de desolación se irguió una figura de mujer acompañada de un olor a naturaleza que desde el comienzo de la barbarie no había llegado.

Mientras corría hacia ella deseando que no fuera una traición de mis sentidos, todo sucedió con la celeridad de uno de aquellos rayos.

Un proyectil cargado de odio me atravesó el pecho, y note el calido tacto de la sangre emanando por mi torso, cada vez mas frío. Mi mirada empezó a guiarse por cuenta propia, y mis manos se alargaban hacia delante buscando aquella figura.


Una vez más, la traición fue evidente, y me di cuenta de que alguien sabía que la mejor elección era morir con el corazón erguido y el alma pintada de color blanco.

Supe apreciar el gesto, y me desvanecí sobre la tierra con una sonrisa impresa en los labios.


Ahora ya se porque la muerte no avisa antes de darte la mano, y sobre todo, ya se de donde viene esa luz blanca que nunca nadie entendió.

jueves, 10 de mayo de 2007

Relatarium. Cap.06

Prólogo - Tempestad


Me encontraba perdido en medio del bosque, no encontraba nada más a mi paso que una incesante oscuridad que me absorbía. Los troncos de los árboles dibujaban ante mí una silueta grotesca que se me antojaba diabólica. Corría sin saber de que escapaba cuando una corriente helada me congelo desde las piernas hasta el alma. Caí rendido en la oscuridad que me asolaba esperando que ocurriese algo, aguantando la respiración sopesando la vida que me podía quedar. Nada ocurrió…

jueves, 5 de abril de 2007

Relatarium. Cap.05

Lágrimas Doradas


La nieve azota el ventanal acompañada de su inseparable amigo el viento, las bisagras se quejan en alaridos de óxido, mientras las nubes observan el vacío ambiguo de mi oscura mirada perdida en la inmensidad de la nada.

Nada, siempre observando la nada…

Acordes mágicos resuenan en laúdes de 13 cuerdas, y unas manos cansadas por el maltrato de una vida sarcástica se lamentan de no haber podido acariciar el pelo de la venganza.

Pasan las horas, el cristal se empaña jugando con mi cálido estertor de muerte. El corazón sigue en su repique intenso de medianoche, mientras esa droga que me deja caótico ante las palabras consume hasta el último sorbo de mis doloridas lágrimas.

Escucho raciones de eco en lugares llenos de mecheros, y entre esas llamaradas me excuso de no haber aprendido a despegar sin que me empujen.

Torrentes de águilas ocultas tras mi índice, el cielo se muestra omnipotente ante mi humilde maleficio, tras la silueta de mis temores solo me queda el placer del más oscuro de mis gritos.

Me temo que esa manera de parpadear me esta dejando en silla de ruedas, levantando una vez tras otra ese saco roto lleno de ilusiones.

No me pregunto el porqué de mis alucinaciones, sino que me respondo sin preguntarlo.

Esa manera inconsciente de dibujar en láminas de suspiro, de acariciar pechos de tiniebla.

Las agujas del reloj siguen derrapando ante mi ya acostumbrada mirada, y la única desventaja es no poder meter mi sombra entre las sábanas para hacer que vayan más despacio a través de mis queridos viajes al sopor de la luna.

Este viento empieza a oler a desengaño. Camino por un arco iris monocromo respondiéndole al cielo que estoy lo suficientemente cansado como para descansar un poco.

Un poco. Para siempre.

Me despierto en un charco de hemoglobina con las pupilas dilatadas, el viento huele demasiado a limón.

Voy en cuclillas a la zona VIP de mi olimpo y me acerco al pasillo de los sueños, con la sonrisa impresa en el rostro y una cuchilla atada a mis dedos.

Me precipito al vacío entre lamentos y cocaína. Nadie lo entiende, pero no puedo dejar de reírme.

Finalmente mis manos se cierran en señal de victoria, y las miradas se posan sobre mis uñas pintadas de disconformidad.

Cerré entonces los labios, y la llama de mis ojos se extinguió lentamente mientras recordaba canciones alumbradas por enormes pianos de cola.

Si, soy yo. Un paisaje de invierno. Una línea de un horizonte. Un reloj sin cuerda. El péndulo que marca el miedo.

martes, 27 de marzo de 2007

Relatarium. Cap.04

El Fin

Las voces decían que el Apocalipsis pronto llegaría. No quedaría nada ni nadie para poder sonreír con esa fuerza que antaño se nos mostró.

Los pensamientos me decían que me despidiera de todo el mundo, lo poco que llegué a conocer.

Lo poco que llegué a querer.

Mientras tanto, las voces me apremiaban, el fin estaba cerca, y los jóvenes se mostraban alegres como de costumbre, con su habitual inocencia y su peculiar manera de ver la vida. Las ancianas acudían a sus misas mientras sus maridos jugaban al dominó.

Me empezaba a desesperar, pero pese a todo no flaqueaba en mi misión, era necesario por el bien de ella.

El sudor recorría mi frente mientras me levantaba de aquel húmedo y tortuoso sendero.

Me sorprendí a mi mismo al encontrar mis dedos cerrados con firmeza alrededor de ese anillo, el que tiempo atrás había comprado para ella y daba por perdido.

Todo había sucedido demasiado deprisa, y los recuerdos se amontonaban de manera anárquica sobre mi dolorida memoria.

Di unos pasos temiendo que me fallaran las piernas, buscando su mano.

Caí rendido a los pies de aquel sauce donde le había jurado que nunca la dejaría, y las voces volvieron en todo su esplendor, anunciándome esta vez que la contrarreloj estaba llegando a su fin y, por supuesto, la batalla perdida.

No me quise resignar y grité con todas mis fuerzas.

Entonces sucedió…

Ella estaba allí ante mí, y sin pensarlo dos veces puse el anillo en su anular al tiempo que presionaba mis labios contra los suyos.

Había cumplido mi misión y, una vez más, supe que las voces se habían equivocado.

El mundo se volvió ámbar, y todo se comenzó a desvanecer como ceniza en tormenta.

Mientras tanto, yo me sentía superior, con su pelo atrapado entre mis dedos y su rostro hundido en mi pecho.

Las voces una vez más me hablaron, pero ya no las escuché, sabia que no seria cierto. La batalla no estaba perdida como me habían dicho. Solo el mundo estaba perdido.

Entonces todo se silenció, y el mundo volvió a ser firme y visible. Las voces nunca más volvieron, y yo jamás tuve que volver a llorar con la mirada perdida.

La batalla estaba ganada.

jueves, 22 de marzo de 2007

Relatarium. Cap.03

Vapor

Sonó el reloj de pared, y como respuesta el mundo se me antojó breve, rápido… Te busqué con la mirada, y solamente el miedo me la devolvió, aguantándomela con suma determinación. Yo caminaba por aquella habitación sin ventanas, y tú estabas al otro lado de esa barrera de la que siempre me habías hablado, la barrera que me había quitado el sueño. La luz se reflejó entonces en la pared, y mi sombra se dibujó contra el muro blanco que observaba. Vi un hombre cansado, una silueta con bastón. Me imaginé una catedral, llena de vidrieras, tan alta, tan cercana… Tú estabas arriba, y no me mirabas esta vez, le mirabas a él, no me había percatado, y otra vez él estaba allí, dejándome de actor secundario, obligándome a respirar aire viciado.

Suspiré, y salió vapor de mi boca, un vapor que se mezclo con el frío de la fortificación.

Volví al habitáculo, nada era como antes, el bastón había desaparecido.

Lloré de impotencia, y tu mano me rozó la cara. Te aparté bruscamente, y te pedí que nunca volvieras. Mi mirada se tornó violenta, y en la sombra encontré entonces mi espada, pendiendo de mi mano, goteando una sangre negra que emanaba de mi abdomen.

Caí, sin quererme agarrar a tu ropa. Eras tu quien lloraba esta vez, y yo me moría sin apenas decirlo en voz alta. Te amaba. Pero no quería que lo escucharas, le mirabas a él con esos ojos que había aprendido a interpretar.

Perdí el aliento, y la poca vida que quedaba allí se volvió de color blanco.

Aparecí en un lugar desde donde te podía seguir observando, y me encontré con él. Me abrazó y yo le apreté contra mí.

Tú llorabas, y nos mirabas a los dos, la catedral era esta vez corpórea, y mi vapor se introdujo en ti.

Quisiste morir, pero no te dejamos, te retuvimos allí.

Te quedaba mucho por vivir…

Relatarium. Cap.02

Desconocido

El sol corría sobre el horizonte, e iluminaba parajes oscuros, parajes que no eran producto de la imaginación sino de la soberbia. Yo miraba hacia el cielo, y luchaba por acordarme de los números para poder hacer un recuento de los sentimientos que me venían al cuerpo mientras observaba las estrellas.

El sol seguía corriendo, cada vez más veloz, apenas se vislumbraba su oscura silueta, el contraste de sus rayos contra el cielo azul no era nada más que un juego.

Las estrellas parecían brillar más, yo me preguntaba porque veía esa inmensidad, si a mis pies estaba el mundo entero, un mundo cargado de vida, aislado de muerte, confiado en la mayor de las alegrías. Yo seguía mirando, y nada importaba, solo me llenaba la vista algo inalcanzable, las constelaciones se sucedían ante mis ojos como gotas de lluvia, incontables, palpables…

El astro mayor se cansaba de andar, iluminado esta vez por un cielo opaco que se cansaba de reinar sin la presencia de su fuente. El sol estaba terriblemente cansado, le faltaba fuerza para poder cantar, para poder seguir volando sobre nosotros…

La hierba estaba húmeda, empezaba a hacer frió, y el rocío acariciaba mi cara creando una película invisible. Dos lágrimas bajaron sin decisión por mi cara, y sentí el estremecimiento por cada centímetro de piel que iban pisando. Creí que me quemaban, soñaba con dolor, y me inmolaba con pena. Desconocía el motivo de esas lágrimas, solo sabía que dolían demasiado, y quería seguir llorando…

El sol se detuvo, y el mundo se detuvo unos instantes, la naturaleza escupió sangre sobre nuestros sentimientos, y por un momento creí ver manchas rojas en mi alma.

La luna decidió dar paso a un nuevo rumbo plateado, un rumbo en el que me sentía incluido, sin saber todavía por que…

Las lágrimas comenzaban a hacerse demasiado espesas, y me hundían el rostro contra la fría hierba.

La música se apago, los pájaros dejaron de cantar, y mi alma dejo de volar.

Me levanté lentamente del suelo, las lágrimas ya no resbalaban, y yo estaba muy cansado. Mire hacia las estrellas, y vi como a través de ellas el sol se hundía.

Sin más razones aparentes, volví a caer en el suelo, esta vez caliente y arropador. Navegue por un río, baje una cascada y volé por un cielo.

Encontré un rostro al final, lo acaricie y todo se acabo.

Relatarium. Cap.01

Decepción


Descorrí la cortina y me encontré ante la inmensidad, observé el vacío, y no vi más que el lúgubre paraje que día tras día me observaba impertérrito. Quise gritar, pero hasta la voz me había abandonado.

Fue entonces cuando la vi, estaba tendida entre algodones, y no pude más que sonreír mientras dos lágrimas bajaban quemando mi rostro. El cielo de repente se me antojo oscuro, lleno de cavidades insondables, pero nada era lo que yo quería que fuera.

Mientras tanto, me seguía observando, y ya no sabía si la imaginaba o era real. ¿Qué es real? Fue lo que me pregunté… Nunca iba a poder saber si era real o no lo era, nunca había sido capaz de diferenciar esos conceptos.

Una corriente abrió de repente el ventanal, y el aire golpeó mi rostro con la violencia de una tormenta, frío como el hielo, cortante como el más afilado de los cuchillos. Creí que mis lágrimas se habían congelado a medio camino, pero me sorprendieron cuando sentí el salado sabor en mi boca.

Mientras tanto, mientras los elementos incidían contra mi, ella seguía ahí, al borde del abismo, observándome, estudiando cada uno de los movimientos que yo era capaz de realizar.

Yo la miraba, y nada más fui capaz de sentir que desasosiego por no poderla tocar, pues sabía que al acercarme se desvanecería ante mis ojos, con la consistencia de un suspiro.

No pude más, y me acerqué con paso inseguro hacia ella, yo volaba a través de la noche, y el agua y viento ya no eran perceptibles. Entonces llegué junto a ella, y nada cambió, ella seguía mirándome, pero en la cercanía pude ver que sus ojos estaban derramando unas lágrimas amargas, traslúcidas… Quise enjugárselas, pero no pude.

Comprendí entonces que jamás iba a poder tenerla, y me di la vuelta resignado.

Me comencé a desvanecer, y contemplé como mi cuerpo se iba convirtiendo poco a poco en semillas del tiempo. Ella mientras tanto seguía llorando, contemplando como me convertía en polvo.

Acabé finalmente volando con el viento, convertido en su siervo una vez más.

Nunca más volví a verla, ya no era posible, ella estaba llorando, yo ya no podía hacerlo…


Desperté del sueño, y el sueño me venció de nuevo…